Soy ganador por naturaleza…

A medida que aprendemos a amarnos nos volvemos poderosos. Nuestro amor por nosotros mismos nos hace dejar de ser víctimas y nos convierte en triunfadores. Nuestro amor por nosotros mismos atrae hacia nosotros experiencias maravillosas. Las personas que se sienten bien consigo mismas son naturalmente atractivas porque van envueltas en un aura que es simplemente maravillosa. Siempre salen vencedoras en la Vida. Podemos aprender a amarnos a nosotros mismos. Nosotros también podemos ser triunfadores.

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Cada persona forma parte de la armoniosa totalidad…

Cada uno de nosotros es una idea divina mediante la cual la Mente Única se expresa armoniosamente. Estamos juntos porque necesitamos aprender los unos de los otros. Hay un propósito en nuestro estar juntos. No hay necesidad de rebelarnos contra este propósito ni de culparnos mutuamente por lo que está sucediendo. No hay peligro en que trabajen para amarnos a nosotros mismos y de este modo poder beneficiarnos y crecer. Optamos por trabajar juntos para traer armonía a la tarea que hoy nos ocupa y a todos los aspectos de nuestra vida. Todo lo que hacemos se basa en una única verdad: la verdad de nuestro ser y la verdad de la Vida. La correcta acción Divina nos guía en cada momento del día. Decimos la palabra justa en el momento justo yen todo momento llevamos a cabo la acción justa. Cada persona forma parte de la armoniosa totalidad. Hay una Divina fusión de energías mientras colaboramos jubilosamente, apoyándonos y alentándonos los unos a los otros de maneras gratificantes y productivas. Tenemos éxito en todos los aspectos de nuestro trabajo y de nuestra vida. Somos sanos, felices, cariñosos, alegres, respetuosos y productivos, y estamos en paz con nosotros mismos y entre nosotros. Con amor entregamos este tratamiento a la Mente Única que hace el trabajo y que se manifiesta en nuestra vida. Así sea, y así es. ¡Y está hecho!

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Me perdono cualquier mal que haya hecho…

Sois tantos los que vivís bajo una densa nube de culpa… Siempre os sentís mal. Según vosotros, no hacéis nada bien, y os pasáis la vida disculpándoos. No queréis perdonaros por algo que hicisteis en el pasado y manipuláis a los demás como antes os manipularon. Con la culpa no se resuelve nada. Si realmente en el pasado hicisteis algo de lo cual os arrepentís, ¡dejad de pensar en ello! Si podéis disculparos con la persona a quien dañasteis, hacedlo, y no repitáis el error. La culpa busca el castigo, y el castigo crea dolor. Perdonaos y perdonad. Salid de la prisión que vosotros mismos os habéis impuesto.

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Experimento la totalidad de las posibilidades, que hay dentro de mí

¿Qué significa para ti la totalidad de las posibilidades? Piénsalo como algo sin límites, yendo más allá de todas las limitaciones que sueles imponerte. Deja que tu mente vaya más allá de lo que te parece posible. «No se puede hacer, no resultará, no es suficiente, hay un obstáculo en el camino.» ¿Con cuánta frecuencia te has valido de estas limitaciones, diciendo que por ser mujer no puedes hacer esto, o que por ser hombre no puedes hacer lo otro, o que no tienes la educación necesaria para tal o cual cosa? Te aferras a las limitaciones porque son importantes para ti. Pero las limitaciones te impiden expresar y experimentar la totalidad de las posibilidades. Cada vez que dices «no puedo», te estás limitando. ¿Estás dispuesto a ir más allá de tus creencias de hoy?

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Me amo y me acepto exactamente tal como soy…

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Todos tenemos aspectos que nos parecen inaceptables e indignos de amor. Si estamos realmente enfadados con alguna parte de nosotros mismos, es frecuente que nos maltratemos. Entonces recurrimos al alcohol o a las drogas, fumamos, comemos en exceso o lo que sea. Nos castigamos. Una de las peores maneras de maltratarnos que tenemos es la autocrítica. Es necesario que dejemos de criticarnos. Cuando lo conseguimos, nos asombra con qué facilidad automáticamente hemos dejado de criticar a los demás, porque todo el mundo es un reflejo de nosotros mismos, y lo que vemos en otras personas es lo que vemos en nuestro interior. Cuando nos quejamos de otra persona, en realidad nos estamos quejando de nosotros mismos. Cuando realmente somos capaces de amarnos y de aceptarnos tal como somos, no hay nada de qué quejarse. No podemos herirnos a nosotros mismos ni podemos herir a los demás. Ahora, prometamos no volver a criticarnos jamás por nada.

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Me libero de todas las viejas heridas y me perdono…

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Cuando te aferras al pasado con amargura y cólera, y no te permites experimentar el presente,estás desperdiciando el día de hoy. Si te aferras durante largo tiempo a la amargura y al resentimiento, eso quiere decir que necesitas perdonarte a ti mismo, no a otra persona. Si te encariñas con tus viejas heridas, te castigas aquí y ahora. Muchas veces, estás prisionero de un resentimiento idealizado. ¿Quieres tener razón o quieres ser feliz? Perdónate, y deja de una vez de castigarte.

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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Observo lo que sucede dentro de mí…

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¿Qué necesitas hacer para llegar a ese lugar donde podrías ser la persona más feliz y más poderosa de tu mundo? Si ya has trabajado mucho en ti y entiendes que lo que piensas y dices sale de ti y que el Universo te responde y te lo devuelve, entonces obsérvate. Vigílate sin juzgarte ni criticarte. Éste es uno de los obstáculos más grandes que tienes que salvar: conseguir mirarte objetivamente y mirar del mismo modo todas las cosas que te rodean. Limítate a verte tal como eres, a ver las cosas tal como son, sin hacer ningún comentario. Sólo observa. A medida que aceptes tu propio espacio para adentrarte en él y empezar a observar cómo te sientes, cómo reaccionas y qué es lo que crees, obtendrás un espacio en donde estarás mucho más abierto.

(Louise L. Hay de su Libro Pensamientos del Corazón).

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